Nuestros deseos para Septiembre

En el artículo que presentamos a continuación se muestra el sentir que tiene Foromarketing en estos momentos. Y las perspectivas que creemos que pueden hacer de España el país de primera que fue. En estas líneas, Santiago Álvarez de Mon, profesor del IESE , nos explica que esta época estival nos debe ayudar a coger fuerzas, reflexionar, coger músculo para afrontar los nuevos, duros y apasionantes retos que nos esperan a partir de Septiembre. La ilusión y motivación que transmite es la inyección de moral que necesitamos en estos momentos en la sociedad.

Fin de curso. ¿Cuál es el balance final de la temporada? En el deporte, en el trabajo, en el hogar… no se puede caminar por la vida dándole la espalda a la verdad. La realidad te devuelve el trato que la dispensas.

Utilizando un símil futbolístico, este país, que aspiraba a competir en la Champions, ha caído en el pozo profundo y oscuro de la segunda división europea. El año que viene, nos guste o no, jugaremos en una liga menor después de habernos codeado con los mejores. Podemos llorar, quejarnos, echar la culpa a los mercados, a las autoridades reguladoras, a los especuladores ventajistas, a la Merkel, instalarnos en un discurso victimista. Bien, ya está, desahogados, reconociendo que algo de eso hay, el resultado es taxativo: a segunda. ¿Por qué, en lugar de buscar chivos expiatorios, no reconocemos de un puñetera vez que hemos perdido? ¿Por qué no tenemos el coraje y la humildad de aceptar nuestra derrota, aprender de la misma y prepararnos ya para el próximo ejercicio? En mayor o menor medida todos hemos fallado, casi nadie ha estado a la altura de las circunstancias.

Ha perdido estrepitosamente la clase política. Enrocada endogámicamente en juegos de poder, instalada en privilegios inasumibles, enfadada con el talento, divorciada de la profesionalidad y la independencia, vive una realidad virtual de la que toca despertarse. Ha perdido clamorosamente un Estado aferrado a una carísima y artificial configuración institucional, históricamente desarraigada, que para más inri nos separa y encona. Han perdido estruendosamente las autonomías. Fiscalmente irresponsables, psicológicamente inmaduras, se acercan a un mundo globalizado desde silos cerrados e insolidarios. Ha perdido claramente la Corona. Herida en su interior, su liderazgo moral se ha resentido gravemente. Ha perdido lamentablemente el Gobierno, dilapidando un abrumador mandato popular en tiempo récord. Secuestrado por sus asesores, víctima de sus silencios, dilaciones y enfrentamientos internos, ha sido incapaz de hacer un diagnóstico de la enfermedad, decidir un tratamiento e intervenir con celeridad. Ha perdido por goleada la oposición. Tentada de sacar carnaza de la crítica situación, se olvida que durante años empujó al país al precipicio negando la gravedad de los problemas y viviendo como horteras.

Han perdido escandalosamente los sindicatos. Burócratas subvencionados, profesionales del conflicto, pegados a pancartas del paleolítico, defienden sus prebendas. Ha perdido contra natura la CEOE. Llamativa contradicción, también subvencionada, se da de bruces con las ideas e iniciativas que debieran animar su misión. Ha perdido con nitidez un modelo de empresa más acostumbrado a hacer negocios cerca del BOE que de arrimarse a la calle, sentir su latido, y servir a los clientes con productos y servicios innovadores. Ha perdido mansamente la justicia, entregada dócilmente al omnipresente pulpo político. Ha perdido tristemente el sistema educativo, carente del vigor, inteligencia, esfuerzo y disciplina que se precisa para cultivar el espíritu humano. Como casi todos progresan adecuadamente, casi nadie avanza espectacularmente. Han perdido las familias, sostén social de la crisis, primer recinto donde se coló el relativismo, el permisivismo y el colegueo. Ha perdido la sociedad civil. Tibia y amordazada, poco entrenada en el pensamiento crítico, en la responsabilidad individual y en la libertad interior.

¿Conclusión? Un país financieramente quebrado, económicamente frágil, históricamente desmemoriado, culturalmente discapacitado, políticamente deslavazado, moralmente pusilánime, vitalmente disminuido. Bien, a lo hecho, pecho. ¿Y ahora, qué? Reconocidas nuestras carencias, asumida una debacle sin precedentes, ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a seguir lamiéndonos nuestras heridas? ¿Vamos a encerrarnos en una espiral masoquista? ¿Nos vamos a seguir tirándonos a la yugular del vecino? ¿No hay otra opción? ¿Por qué no hacemos de la derrota una fuente adicional de libertad, honestidad, frescura y valor, y en un ejercicio admirable de orgullo, carácter y confianza nos ponemos otra vez en marcha?

En España hay magníficos empresarios, autónomos, médicos, jueces, profesores, científicos, servidores públicos, estudiantes y hasta políticos. Tenemos el suficiente músculo empresarial para salir adelante, solo debemos cambiar el dial mental a través del cual percibimos el presente. Es tiempo para gente honrada, sencilla, inteligente, currante y valerosa. Conozco a muchos profesionales que responden a este retrato. No es momento para nuestro lado más mezquino, sino para nuestra versión más noble y generosa.

Las próximas semanas despejarán muchas incógnitas. Llegará septiembre con sus deberes y tendremos que estar en forma. Este viejo, controvertido y apasionante país, si se empeña, vuelve a primera enseguida. Bastará con que todos suden la camiseta y que algunos se vayan al banquillo de suplentes. Hasta la vuelta, feliz verano.

 

Santiago Álvarez de Mon, Profesor del IESE

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Expansión, 25 Julio 2012