Ya no es primavera en El Corte Inglés

Los recientes cambios y movimientos a todos los niveles en uno de los grandes almacenes más emblemáticos de nuestro país mantienen a la expectativa a todos los expertos en consumo. Por su interés, reproducimos el  artículo “Ya no es primavera en El Corte Inglés” de Miguel Ángel Noceda en el diario El País.

Ya no es primavera en El Corte Inglés

Desde hace un tiempo se respiran nuevos aires en El Corte Inglés, una de las compañías más emblemáticas del panorama empresarial español que no ha podido sobrevolar la crisis de consumo y que se enfrenta ahora a un cambio trascendental tras casi 75 años de vida que puede afectar tanto al modelo como al organigrama.

El lunes se conoció que había alcanzado un acuerdo con el Banco Santander, según el que la entidad que preside Emilio Botín se hacía con el 51% de la financiera del grupo presidido por Isidoro Álvarez. A partir de ahí se han desatado todo tipo de especulaciones sobre el futuro del grupo que inventó aquel reclamo tan acertado de “ya es primavera en El Corte Inglés”.

En ese contexto, hay quien afirma que al acuerdo de la financiera se podría sumar alguno de los otros negocios subsidiarios como la división de seguros, la de informática o la de viajes, así como operaciones inmobiliarias, consistente en la venta de inmuebles para quedarse como inquilinos. Son posibilidades que barajan los asesores, como la siempre posible salida a Bolsa o la entrada de socios. Ambas le inyectarían dinero y moral, según los defensores de la idea.

Sin embargo, fuentes de la empresa seguran que la entidad no tiene previsto ninguna de esas posibilidades y que de la Bolsa ni se habla. “No lo harían salvo en caso de necesidad mayor”, dice una fuente bancaria. Cotizar supondría un vuelco memorable en la tradicional cultura empresarial del grupo, que tendría que adaptarse a las exigencias del mercado bursátil. En la actualidad, El Corte Inglés está controlado por la Fundación Ramón Areces, con un porcentaje de alrededor del 35%, y varios miembros de la familia de origen asturiano que heredaron sus acciones.

La empresa asegura que con la desinversión en la financiera —previamente ya se desprendió también de su participación en IAG, propietaria de Iberia, e Inversis, así como de algún inmueble—, la refinanciación de la deuda y la prevista titulización (de entre 500 y 1.000 millones) tiene los objetivos cumplidos para hacer frente a la situación. La entidad arrastra una deuda de casi 5.000 millones, entre el grupo y la financiera. El acuerdo con el Santander le ha reportado 280 millones, además de recibir un soplo que le permite afrontar el futuro con otras perspectivas.

De la deuda, unos 3.800 corresponden a seis grandes entidades (Santander, 1.275 millones; Caixabank, 750; BBVA, 700; Popular, 450; Sabadell, 350, y Bankia, 250), con las que alcanzó un acuerdo de refinanciación antes de agosto. Los presidentes de las tres primeras se sientan con Álvarez en el Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC). El resto se reparte entre 25 entidades. El jueves, Álvarez reunió a los acreedores para explicar que el acuerdo con el Santander respondía al plan de reestructuración de la deuda, lo que le permitía dar un mensaje de solvencia.

El otro cambio afecta al organigrama. Cada vez es más visible en la casa la presencia en la cúpula de Dimas Gimeno Álvarez, sobrino del presidente, junto al que se sienta en la mesa imperial de la comisión ejecutiva como director general, cargo de nueva creación en el que fue nombrado en agosto. Gimeno, que se incorporó en 2002 a los grandes almacenes tras hacer los estudios de Derecho y algún master, dirigió los centros de Portugal, único país al que ha salido El Corte Inglés. Nacido en 1975 aparece ya como el delfín de Álvarez, que a sus 78 años tiene previsto seguir al menos hasta arreglar el futuro y dejar encarrilada la empresa hacia la nueva primavera. Con él permanecen las personas que le ayudaron a hacer crecer la empresa desde los tiempos de Ramón Areces, Florencio Lasaga y Carlos Martínez Echevarría.

Aseguran los próximos a Álvarez que irá dejando que su segundo vaya tomando las riendas poco a poco para dejarle la línea ejecutiva sin pasar mucho tiempo (algo así como hizo Amancio Ortega con Pablo Isla en Inditex, aunque con matices). El reto radica en volver a atraer al cliente, quizá con nuevos métodos de gestión, pero manteniendo la idiosincracia de una entidad que forma parte del paisaje urbano de España, que goza de la fama de ser la tienda donde es posible encontrar de todo y que, además, devuelve el dinero si no se queda satisfecho (otra de las innovaciones que le dio empaque). Es posible que sea una tarea revolucionaria en un grupo con más de 100.000 empleados que quiere volver a los días de gloria.

Miguel Ángel Noceda
Columna de opinión aparecida en el diario El País

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