Una nueva comunicación forjada en el diálogo

Muchas son las incertidumbres que nos rodean en estos momentos de cambios y transformaciones en todos los ámbitos y, muy especialmente, en el campo de la comunicación.

Vivimos una situación histórica que ha perdido buena parte de las referencias que imbricaban un discurso social sólido. Las referencias de antaño se han mostrado erróneas, falaces o, cuando menos, carentes de las bondades que creíamos. Pero, pese a todo, existían unas convicciones, unas guías ideológicas, unos faros que alumbraban nuevos horizontes. Había una playa esperanzadora bajo aquellos adoquines.

Hoy se han perdido buena parte de esos referentes, sobre todo entre los más jóvenes. El hecho resulta especialmente preocupante al coincidir con la crisis económica más compleja y de mayor alcance que se ha producido en la era moderna. El dramatismo de la situación económica coincide con una alarmante carencia de ideas, de capacidad de generar ilusión y de creatividad dialéctica.

Por eso es tan necesario, hoy más que nunca, revitalizar el debate de ideas, la conversación. Es el momento de romper con el ensimismamiento, de “dar el salto al otro”, como decía Antonio Machado; de apoyarse en el otro. Ese es el único modo de intensificar el tan necesario intercambio de experiencias, de visiones, de realidades.

Decía Albert Camus: “El largo diálogo de los hombres acaba de interrumpirse. Y, por supuesto, un hombre al que no se puede persuadir es un hombre que da miedo”.

Desde Bassat Ogilvy Comunicación (BOC) hemos puesto en marcha Diálogos, una serie de encuentros destinados a tratar las nuevas vías y realidades comunicativas. Nuestro objetivo es tender puentes, contribuir a esclarecer las dudas, combatir esas incertidumbres que acaban por ser caldo de cultivo del recelo y el miedo.

En este primer encuentro de Diálogos nos hemos preguntado si los líderes políticos han adaptado su comunicación a los nuevos tiempos. Y lo hemos hecho junto a expertos como Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor en comunicación y consultor político; Francesc Valls, subdirector de El País, y Albert Sáez, director adjunto de El Periódico. Todos coincidieron en valorar la importancia del diálogo y evidenciaron su preocupación por la actual comunicación política, unilateral y que cuenta poco con el ciudadano.

A este respecto, por ejemplo, son sintomáticos los nuevos formatos de rueda de prensa política que no admiten preguntas de los periodistas; la escasa visibilidad de los políticos en las redes sociales una vez pasadas las campañas electorales o el recelo a un diálogo directo con los ciudadanos.

En opinión de los expertos congregados en este primer encuentro organizado por Bassat Ogilvy Comunicación, tanto los políticos como los medios han perdido su privilegio exclusivo, han perdido el monopolio de la información. Políticos y medios no han encontrado aún su espacio mediador en la nueva sociedad digitalizada y han reaccionado tarde y mal.

Tal y como se subrayó durante el encuentro, tenemos un liderazgo analógico en un momento plenamente digital; de ahí que sea prioritario reeducar a los partidos políticos en el nuevo ecosistema de la comunicación.

Pero ello exige, a su vez, que los medios y sus agentes -profesionales y empresariales- adopten esa misma actitud activa ante los intentos de unilateralidad en los mensajes. Es obvio que unas imágenes enlatadas de un mitin político abaratan costes económicos a la empresa pero a costa de ceder a ese partido la soberanía que su audiencia le cede para ver el mitin con su propia y particular visión. Aceptar ese lenguaje y esa visión es pervertir la misión y la función social de los medios: la permanente vigilancia crítica al poder.

Más allá de la revolución tecnológica, el paradigma informativo ha sufrido un cambio radical. Es imposible informar ya sin considerar la actitud activa del receptor, su capacidad crítica frente al discurso. Hoy, cualquier acción comunicativa debe entender que se establecerá en términos de diálogo, de intercambio, de confrontación de ideas.

Es necesaria también una cierta dosis de incorrección política en el lenguaje que acabe con actitudes adocenadas y corsés intelectuales y lo convierta en lo que nunca debe dejar de ser, una herramienta de creatividad y movilización del pensamiento y las ideas.

El lenguaje, en cuanto herramienta de creación de pensamiento, hace política; aunque la política crea un lenguaje propio dirigido a salvaguardar intereses concretos.

Es evidente que la acumulación de malas noticias lleva a la necesidad de transmitir esos mensajes negativos con formas suavizadas para evitar reacciones airadas. Para un responsable político siempre es más cómodo hablar de “un desembarco del FROB” en una determinada entidad que de una “intervención” del Banco de España. Un dirigente sometido al escrutinio del voto al menos cada cuatro años prefiere, sin duda, hablar de ajustes que de recortes… La batalla dialéctica (y política) entre copago y repago es, quizá, el ejemplo más reciente.

De ahí la importancia de recuperar el diálogo como marco de exposición de pensamientos y de revisar las formas en que expresamos dichas ideas.

Solo con la recuperación de ese diálogo se forjarán nuevas certidumbres que, sin lugar a dudas y por suerte, carecerán de la arrogancia juvenil enfrentada a regímenes dictatoriales y vendrán arropadas por ese mutuo enriquecimiento que aporta la capacidad de escuchar con humildad, abierto al otro, para construir un discurso heterogéneo aunque integrador.

Borja Puig de la Bellacasa. Consejero delegado de Bassat Ogilvy Comunicación