¡Tomar decisiones!

Todos los empresarios están buscando el camino adecuado para salir de esta durísima crisis que nos agobia desde hace cinco años aproximadamente, pero sólo los que sean capaces de reconocer los cambios que se producen en nuestro entorno serán capaces de tomar decisiones adecuadas porque, una vez más, sobrevivirá aquél que mejor sepa adaptarse al nuevo entorno.

En general, podemos afirmar que, durante este periodo, los empresarios ya han tomado muchas y difíciles decisiones para afrontar la caída de pedidos y la escasez de financiación. Los que tomaron decisiones acertadas todavía conservan sus empresas y esperan que el consumo se recupere y con ello los pedidos, pero aquellos que no lo hicieron, o bien tuvieron la desgracia de sufrir fuertes impagados, se han visto obligados a pasar por el infierno de tener que cerrar sus empresas.

Esta generalización merece un punto y aparte cuando nos referimos al sector gráfico, pero podría ser trasladable a otras actividades industriales. Hasta no hace muchos años la inmensa mayoría de las empresas gráficas gozaban de excelente salud e invertían en tecnologías más productivas para satisfacer un mercado en permanente crecimiento que absorbía más y más capacidad. En aquellos momentos, eran pocas las empresas que no crecían y muy pocas las que sufrían catástrofes que las obligaban a cerrar. Actualmente, las proporciones se han invertido: tenemos pocas empresas rentables, muchísimas con un futuro preocupante y muchas abocadas al cierre más irremediable. ¡Esto con independencia de que el consumo se recupere! ¿Es que el sector gráfico no va a recuperarse cuando lo haga la economía? ¿Volverá mi empresa a gozar del esplendor de hace unos años?

El sector en su conjunto es muy amplio y tiene muchas especialidades, de manera que habrá algunas que se recuperarán mejor que otras pero, sin duda, habrá un antes y un después.

Obligación de reaccionar

Respecto de las empresas, ¿cuántas sobrevivirán? Influirá la especialidad en que se encuentre, pero sobre todo dependerá de las decisiones que tomen los empresarios. El empresario tiene la obligación, si no la necesidad, de reaccionar y cambiar los planteamientos que durante décadas le condujeron al éxito o ¿es que está encima de las mesas de despacho la decisión de adquirir una máquina más productiva o construir una nueva fábrica para ampliar instalaciones? ¡Seguro que no!

Una visión rápida del sector que hemos tomado como ejemplo nos hace concluir que la inmensa mayoría de las empresas gráficas tienen dos componentes con un nivel reducido de ocupación: la maquinaria y las instalaciones. Sin embargo, estos componentes tienen un elevado coste y su impacto en los precios es decisivo y cuando en un sector el precio es el factor determinante de la compra sólo puede sobrevivir aquella empresa que optimice todos sus recursos.

Concentración

¿Qué pueden hacer los empresarios cuando en sus empresas inversiones tan costosas como la maquinaria y las instalaciones están infrautilizadas? La respuesta desde un punto de vista objetivo es evidente: reducir capacidades para optimizar recursos, y para lograrlo la vía más inteligente y beneficiosa para el sector es la concentración.

¿Podría yo, empresario gráfico, abordar un proceso de concentración y tener un proyecto empresarial viable a medio y largo plazo? ¡Claro que sí! Para ello son necesarios dos requisitos fundamentales:

1. Reconocer, a tiempo, que no existe un proyecto viable de mi empresa a medio plazo si siguen así las cosas (puedo asegurar que seguirán así en la gran mayoría)

2. Estar dispuesto a ser empresario con mayúsculas, es decir, tener un proyecto empresarial con una estrategia definida y no sólo un negocio.

Ya existen ejemplos de concentración en este sector y en otros muchos que pueden servir de modelo, pero en cada caso habrá que desarrollar uno propio y, salvo que se tenga suficiente experiencia, lo mejor será acudir a profesionales que conduzcan el proceso, de por sí muy complejo y delicado. Efectivamente no es fácil ¿quién ha dicho que lo fuera? Si fuese fácil lo haría cualquiera y no tendría valor.

En la mayoría de los proyectos de concentración los planes de negocio se soportan favorablemente y las empresas que son deficitarias invierten su rentabilidad al amparo de la optimización de recursos (laborales, maquinaria e instalaciones).

Entonces, ¿dónde está la dificultad? La dificultad está, precisamente, en el dueño que quiere aferrarse a un proyecto que ya no es ni será rentable, que no acepta ser sólo accionista porque quiere ser el máximo gestor y dueño, que tiene a muchos familiares en la plantilla a los que resulta imposible garantizarles un salario, entre otras razones. Por si todos estos condicionantes no fuesen suficiente tenemos, además, la necesidad de que los nuevos socios sean capaces de reconocerse como aliados en el nuevo proyecto.

Es cierto que los propietarios de negocios gráficos tienen grandes amenazas sobre sus empresas. Sólo aquellos que sean capaces de verlas podrán convertirlas en oportunidades si tienen el coraje suficiente para ser, ante todo, empresarios.

En mi trabajo, como asesor personal de Empresarios PYME, me estoy encontrando muchos casos en los que cuando se quiere tomar la decisión es demasiado tarde y sólo podemos intervenir para liquidar y cerrar.

No esperemos más para tomar decisiones. ¡No tenemos tanto tiempo!

Ángel Gallego

Socio-Director en Consultores Estratégicos Kepler