Seamos serios, señores

    No me sorprende en absoluto. Sabía que iba a suceder. Tarde o temprano tenía que ocurrir. Sin embargo, no pensé que esto se fuera a cumplir tan pronto.

    Existe una costumbre arraigada en nuestro país de dar largas a la hora de trabajar, en el momento de emprender un proyecto, de ponerse las pilas, hablando claro. Nos gusta dejar las cosas para más adelante, para “después”, como si ese después nunca se pudiera convertir en un “ahora”.

    Un buen ejemplo es lo que está a punto de suceder en España. Ahora mismo, miles de personas en todo el país se encuentran postergando trabajos a después del verano, aplazando tiempos y resultados. El Mundial, el verano, las vacaciones… cualquier razón es válida para permitirse el lujo de dejar para mañana lo que no pueden hacer hoy.

    Esta capacidad para dilatar los tiempos de trabajo responde, en mi opinión, a una madurez profesional ínfima, o, lo que es peor, a una falta enorme de calidad profesional. Una u otra razón, el futuro a corto plazo es claro: el país sucumbirá durante un tiempo en un silencio laboral que, sin duda, nos perjudicará a todos.