Qué bien se vive sin humo

No soy fumadora y me molesta el humo, por tanto, estoy a favor de la nueva ley antitabaco. Ha llegado el momento de que el rol de tolerantes se lo cedamos a los fumadores. Durante muchos años hemos sido los no fumadores los que hemos tragado con resignación. Hemos sido tolerantes cuando no teníamos por qué serlo, ahora les toca a ellos. Todos sabemos que el humo no sólo perjudica a los que sostienen un cigarrillo entre los dedos sino también a los fumadores pasivos.

Algunos dueños de bares, cafeterías y restaurantes se muestran en contra de esta ley ya que aseguran que bajará la afluencia de clientes que acudan a sus locales y, por tanto, bajará el negocio. Puede ser que durante las primeras semanas algunos clientes fumadores estén indignados con la nueva ley y dejen de ir a tomar el café al bar de la esquina, sin embargo, con el tiempo muchos de ellos se acostumbrarán y se fumarán el cigarrillo al salir del establecimiento. En este sentido tenemos que aprender de nuestros vecinos italianos o portugueses.

Ayer hablé con una camarera de un bar de Madrid y estaba encantada con la nueva medida. No es fumadora y estaba harta de respirar humo durante las ocho horas de su jornada laboral. Es una ingenuidad pero sería positivo que los señores hosteleros mirasen por la salud de sus empleados y de que se alegrarán de que desde el 2 de enero todos hayan dejado de estar expuestos al humor de las decenas de cigarrillos que se fumaban al día dentro de sus locales.

La única forma de que la nueva norma se cumpla es no ser permisivos y denunciar cuando a alguien le dé por fumar en algún bar o lugar donde esté prohibido. Los fumadores cuentan ahora con una buena oportunidad para dejar de fumar de lo que saldrán beneficiados. No la dejéis pasar.

Marga Soler
Responsable de Cuentas de RMG