Perspectivas para 2014-2015

A medida que comienza 2014, aprovechamos la oportunidad para actualizar nuestras perspectivas para este año y presentar nuestras previsiones de cara a 2015. Esperamos que, en 2014, el crecimiento mundial se sitúe ligeramente por encima de los niveles del consenso, en el 3,7%, aunque por debajo de la media. Asimismo, de cara a 2015, prevemos una aceleración del mismo hasta el 3,9%. No creemos probable que el tema de la convergencia con la media acapare más protagonismo hasta 2015.

Nos situamos ligeramente por encima del consenso en lo referente a las economías desarrolladas, basándonos en unas previsiones para Estados Unidos por encima de la media tanto para 2014 como para 2015. Los pilares básicos de esta visión son la atenuación de la rémora fiscal, un consumo privado más sólido e impulsado por la mejora del mercado laboral, un nuevo repunte en los sectores de la vivienda y la construcción, así como una recuperación de la inversión de las empresas.

La expansión de la zona del euro está lista para seguir su curso, aunque es probable que la aceleración del crecimiento sea débil, especialmente en vista del frágil ritmo que presenta la concesión de créditos.

El sustancial avance protagonizado por los países periféricos en la mejora de su competitividad y en la implantación de reformas estructurales debería ayudar a recoger los frutos del crecimiento. Esperamos seguir asistiendo a nuevos reajustes graduales entre los países del núcleo europeo y los periféricos así como a una lenta convergencia financiera entre ambos bloques. Por su parte, Japón se enfrenta a un gran reto en 2014, dado que pretende consolidar el positivo impulso al crecimiento generado por la política económica de Shinzo Abe (Abenomics), con una subida de los impuestos al consumo como telón de fondo.

Debería entrar en vigor un paquete de estímulos de alrededor de 5 billones de yenes y, a pesar de la senda de volatilidad que tiene por delante, esperamos que Japón crezca a una media del 1,5% en 2014. Nuestras previsiones de crecimiento apuntan a una mayor divergencia en los ciclos de las políticas monetarias, ya que esperamos que la Fed comience a retirar de forma gradual sus estímulos en el primer semestre de este año.

En paralelo, creemos que el BCE deberá seguir relajando su política para combatir las fuerzas desinflacionistas. Curiosamente, los esfuerzos que Japón está llevando a cabo hoy en día para importar inflación conllevan una exportación de desinflación a sus socios comerciales, Europa incluida.

Tras un 2013 nada boyante, esperamos que los mercados de crecimiento y las economías emergentes finalmente empiecen a ganar fuerza a pesar de unos tipos de interés ligeramente superiores a escala internacional. No obstante, a nuestro parecer, ninguno de los ocho mercados de crecimiento sobre los que realizamos previsiones serán capaces de alcanzar su crecimiento medio en 2014. Los avances en materia de reformas estructurales posteriores a la crisis han sido decepcionantes y la reciente ralentización del crecimiento ha sido fiel reflejo de ello.

Últimamente, sólo China y México han protagonizado noticias positivas a este respecto aunque, en nuestra opinión, resulta poco probable que la agenda china de reformas —en caso de llegar a implantarse— impulse la tasa de crecimiento desde sus niveles actuales. Sin embargo, las tensiones sobre la financiación externa provocadas por una subida de tipos a escala mundial, así como la ralentización en China, serán los principales obstáculos que nos encontraremos por el camino. Probablemente, los países con déficits persistentes por cuenta corriente como Turquía, Sudáfrica, Brasil, la India e Indonesia acusen la presión de unas condiciones financieras más restrictivas, especialmente en vista de sus elevados niveles de inflación.

El crecimiento moderado de la concesión de créditos al sector privado podría ser un buen respaldo para el ciclo aunque, a escala nacional, el aumento de la actividad crediticia está mostrando indicios de estabilización en algunas zonas de Asia y Latinoamérica. A medida que Estados Unidos y Europa aceleran su crecimiento, otros países más estrechamente vinculados al consumo en los mercados desarrollados, como Corea y México, también deberían estar bien posicionados.

Creemos que la renta variable goza de una posición privilegiada para registrar buenos resultados en esta fase del ciclo y seguimos sobreponderando las acciones de los mercados desarrollados en nuestras carteras tácticas multiactivo.

Aunque el flujo de inversión registrado por la renta variable desarrollada ya ha registrado niveles importantes, esperamos que la mejora en los beneficios empresariales, especialmente en Europa y Japón, impulse la siguiente fase del repunte en dicha clase de activos. Las perspectivas de continuidad de la política acomodaticia del Banco de Japón, junto con los cambios de rumbo en la asignación de activos en el mercado nipón hacia alternativas con más riesgo, podrían aupar considerablemente al mercado japonés.

Este entorno favorable para la renta variable también debería resultar beneficioso para los diferenciales de la deuda corporativa, aunque el repunte podría verse limitado por unas valoraciones demasiado elevadas y, en el caso de los bonos de caja, por una mayor sensibilidad a la subida de los tipos en Estados Unidos. En el plano de las divisas, esperamos una gran fortaleza del dólar, impulsada por la ampliación de los diferenciales de los tipos de interés y el «abaratamiento» relativo de la moneda estadounidense. En el ámbito de la renta fija, esperamos que los tipos estadounidenses tiendan al alza en términos generales, especialmente en lo relativo a los instrumentos con vencimientos más largos.

Aunque esperamos que la inflación a escala mundial continúe en niveles bajos por término medio, debido principalmente a unos tipos por debajo de su objetivo en los mercados desarrollados, la intensificación de las presiones inflacionistas en algunos mercados de crecimiento y emergentes complicará el equilibrio entre las distintas políticas monetarias. Indonesia, Brasil, Rusia y Turquía se enfrentan a unas perspectivas de endurecimiento de sus políticas monetarias como resultado de una tasa de desempleo cercana a su potencial, y es probable que se tornen más vulnerables.

Una vez que el repunte generalizado del crecimiento se haga más evidente, la renta variable emergente podría estar bien posicionada para generar rentabilidades positivas, especialmente en vista de las atractivas valoraciones que actualmente registran estos mercados frente a los desarrollados. Mantenemos un posicionamiento neutral en la renta variable y la renta fija de los mercados emergentes por el momento, aunque continuamos buscando catalizadores macroeconómicos para exponernos a algunos mercados con fundamentales más sólidos, como Corea.

Percibimos una concentración de los principales riesgos en tres áreas fundamentales: la debilidad del crecimiento en Estados Unidos, una política monetaria en este país más estricta de lo previsto y las tensiones del sistema financiero en China. En cualquiera de los dos primeros casos, es probable que los mercados de acciones registren ventas sustanciales provocadas bien por unos beneficios inferiores o bien por los menguantes efectos de su política monetaria expansiva.

La revisión de las previsiones en materia de política monetaria podría generar un contexto complicado para los inversores, dado que las correlaciones entre las rentabilidades de las acciones y de los bonos podrían tornarse positivas, dejando poco margen para encontrar refugio. En lo referente al elevado nivel de apalancamiento presente en el sistema financiero chino, estaremos atentos ante posibles indicios de tensiones tanto en el sistema bancario como en el mercado inmobiliario.

Aunque su balance público sigue siendo sólido, los ajustes involuntarios podrían ser especialmente complicados para los productores de materias primas, así como para el universo emergente y los mercados de crecimiento, en general.

Anna Stupnytska es economista macro, Global Portfolio Solutions Group de GSAM.

Publicado en Cinco Días.