No,….está reunido

    ¿Quién no ha llamado en más de una ocasión a una empresa y ha recibido algo parecido como respuesta? ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con esta disculpa a la hora de contactar con potencial cliente, un proveedor…? Seguro que muchos lo hemos sufrido en nuestras propias carnes. Y es que, las “famosas” reuniones, que hace un tiempo bien podían servir como excusa para no atender esa llamada telefónica “inoportuna”, hoy en día han dejado de ser una falsa objeción para convertirse en una razón de auténtico peso. De hecho, parece que ahora la valoración del puesto de trabajo, es directamente proporcional a la cantidad de reuniones que mantiene cada directivo en cuestión, pero ¿alguien se ha parado a pensar qué pasa con el tiempo que por estar reunidos dejamos de dedicar a la atención al cliente, a la ejecución del trabajo?

    Decía Napoleón Bonaparte, “si quieres que algo se haga, hazlo tú mismo; si quieres que no se haga, nombre un Comité”, y… ¿qué es un Comité sino una de estas interminables reuniones de trabajo? Pero ojo, no es que esté en contra de ellas ya que son necesarias para el desarrollo y el éxito de cualquier proyecto empresarial, pero siempre y cuando estén organizadas de forma estratégica. Porque últimamente se ha pasado del uso al abuso y cada vez es más frecuente que muchos profesionales salgan de las reuniones con la sensación de haber perdido el tiempo pues la mayoría de veces, se divaga una y otra vez sobre un mismo tema, incluso es de lo más común que se desvíe la conversación hacia la última juerga del sábado, el partido del domingo, los nuevos palos de golf…sin llegar a conclusiones, sin aportar soluciones, ni ser operativos.

    Por tanto, y como ya tenemos las vacaciones a la vuelta de la esquina, me gustaría que esta entrada nos sirviera a todos de reflexión. Señores, mantengamos reuniones, ya que son una herramienta de trabajo fundamental si se utiliza correctamente, pero sin olvidar que para que sean útiles y efectivas hay que planificarlas, definir claramente los objetivos, establecer un orden del día con los temas a tratar, un conductor o portavoz de las mismas y como se suele decir coloquialmente, “ir al grano”. Evitemos caer en los errores más comunes. No a la improvisación, no a la asistencia masiva, ni a la impuntualidad. Y recordemos que tan importante es el antes y el durante como el después, por ello elaboremos un acta con las principales conclusiones y acuerdos y sigamos a rajatabla su cumplimiento, sólo de este modo lograremos que nuestras reuniones de empresa sean no sólo rentables sino resolutivas porque, acaso, ¿no es este verdaderamente su cometido?