Los controladores aéreos y su huelga salvaje

No tenían derecho a hacer lo que hicieron. Dejaron a miles de personas en tierra en el inicio del puente más importante y largo del año. Las ilusiones de los pasajeros que iban a volar los primeros días del puente se apagaron con el anuncio de que el tráfico aéreo quedaba cerrado por el abandono de sus puestos de trabajo por parte de los controladores. En las terminales de los aeropuertos españoles reinaba el caos, la indignación, la rabia y la desinformación. No se sabía cuánto iba a durar esta situación y cuál iba a ser su solución.

Fue imposible contactar con las compañías aéreas a través del teléfono. Con los números de teléfonos habilitados por Fomento, tres cuartos de lo mismo. Las colas interminables que se formaron en las terminales no tenían sentido ya que no se podía facturar ni recuperar el equipaje. Las caras visibles de las compañías aéreas contaban con menos información que los medios de comunicación. La mejor vía para informarse fueron la televisión, radio e Internet. Aunque tampoco sabían muy bien que informar más allá de lo visible en las terminales.

Fue imposible contactar con mi compañía aérea por teléfono. Llamé en dos ocasiones en las que estuve esperando ocho minutos en cada llamada para hablar con un operador. Sin recibir respuesta decidí dar la misión por imposible, sin embargo, cada minuto de espera me lo cobraron a 0,75 euros. La única forma de tener noticias fue a través de su página web. Tras asumir que no iba a volar este puente, llegó el momento de solicitar el reembolso del billete. Las dudas que me surgieron las pude aclarar gracias al servicio que ofreció la compañía en las redes sociales, en este caso, Twitter y Facebook.

Los controladores aéreos actuaron de formar errónea. No pongo en duda que tengan motivos para realizar una huelga, pero las cosas no se hacen así. Una huelga se tiene que anunciar con tiempo suficiente y tienen que existir servicios mínimos. Su forma de actuar fue para fastidiar a los ciudadanos y al Gobierno. Desde mi punto de vista creo que no pensaron en el caos que podrían provocar. Fueron egoístas y ni se les paso por la cabeza los daños económicos y morales que iban a sufrir miles de personas.

 



Marga Soler

 Responsable de cuentas de RMG