Las empresas, listas para crecer.

El motor de la actividad empresarial y de los beneficios es el crecimiento de la economía. Es la regla más antigua de la economía de mercado, tan vetusta como que el valor de las compañías en los mercados cotizados camina también de la mano del crecimiento y de los beneficios.

El reflejo no es mimético, puesto que hay varias circunstancias que condicionan a las cotizaciones, aunque las ventas y beneficios de las empresas vayan razonablemente bien. Siempre hay riesgos al acecho que reconsideran las expectativas de los inversores, y por ello el precio y el valor de las empresas se relacionan de manera cambiante cada año, cada mes o cada semana.

Es cierto también que la sofisticación de la industria financiera y la abundantísima liquidez existente a precios de saldo ha transformado el proceder y las decisiones de los señores del dinero, han impuesto en parte las reglas del corto plazo y han inoculado la mina de la volatilidad a las mesas de contratación.

Pero al norte siguen estando los beneficios como ruta más segura para encaminarse.

Las empresas que componen el índice bursátil selectivo de España, el Ibex 35, registraron en el año 2014 un crecimiento del beneficio de explotación del 6,4% con las ventas estancadas, y con un reflejo en el beneficio neto del 51% por la volatilidad que introduce en tal variable la factura de la deuda y el cómputo de los ingresos extraordinarios generado por los ajustes de balance en la limpieza que ha impuesto la crisis.

El ejercicio que ha comenzado puede considerarse, en todo caso, como el primero de cuentas puras, en las que los ajustes de costes y de perímetro deberían estar terminados para poder analizar los desempeños verdaderos de las empresas. Pero 2014 tiene restos muy significativos aún de ambos ejercicios, que se manifiestan en varias compañías, especialmente en las que tenían mayor endeudamiento y habían retrasado demasiado el desapalancamiento del último ciclo alcista de actividad.

Todas las empresas del índice, menos una, tienen beneficio bruto, y todas, menos dos, beneficio neto; 20 de las 35 empresas del índice han generado más beneficio de explotación que en 2013, y tal número sube hasta 25 si se trata del resultado neto. El ajuste de las cuentas empresariales está, por tanto, próximo a tocar su punto final.

Los niveles de endeudamiento están prácticamente ajustados a lo que el ebitda de cada empresa puede soportar sin agobios para dejar un razonable margen para remunerar a los accionistas.

La aventura de nuevas inversiones no es ahora la preocupación de las empresas, aunque algunas, las primeras en reequiparse cuando llegó la crisis, ya se han lanzado, con la precaución debida, a inversiones cualificadas en las actividades en las que operan.

Eso sí: ampliar el balance y las ambiciones a actividades fuera del core es un ejercicio que prácticamente ha desaparecido, puesto que han desaparecido las oportunidades irrechazables por rentabilidad y porque la financiación para tales aventuras es escasa, cuando no inexistente.
Las empresas están, por tanto, en buen estado de revista para encajar una nueva oleada de crecimiento económico, con el consiguiente remonte de la demanda de los agentes económicos que debe traducirse en una mejora de los números negros.

Es verdad que no llegan ya a la mitad de las ventas las que se facturan en el mercado nacional; pero en esta recomposición del ciclo es lo lógico que vuelvan a equilibrar a las procedentes del exterior, que hasta ahora han salvado el desempeño de las empresas españolas durante la crisis.

Además, la depreciación provocada del euro inyectará un volumen adicional de exportación para las empresas manufactureras y turísticas, y proporcionará un efecto multiplicador nada despreciable en los ingresos y dividendos generados en otras áreas económicas, sean americanas o asiáticas.

La financiación está también más normalizada, como normalizado está el sector financiero en España, que aprovechará también la avalancha de liquidez barata que desde Fráncfort se ha puesto a disposición de las economías. Las estimaciones que hacen los analistas para este año son muy positivas por los razonamientos citados, y como tales se deben reflejar en las cotizaciones, además de generar un reparto creciente de dividendos para los accionistas.