Gracias, Sr. Mercados

Esta semana queremos compartir con vosotros en nuestra sección de punto de vista un interesante artículo sobre los mercados y la identidad europea.

Europa languidecía. De una Europa de los mercaderes se había pasado a una Europa engordada, fofa, sin identidad. ¿Cuántos europeos saben quiénes integran la Unión Europea? Todo es hablar de espíritus (de Maastricht, de Lisboa, etc.) pero nada de concreciones, nada de acciones que le hagan sentir europeo, parte de algo superior que amalgama el interés común de la Unión.

Surgen los problemas (por estar tan gordos): Grecia tiene que adelgazar y dejar de comer musaca; a Portugal le quitan el pan y el bacalao para ver si se pone fino; a Irlanda le diagnostican que o abandona la cerveza y la patata o vayan pensando en una nueva emigración masiva a EE UU; a Italia, que el espagueti se acabó, y a España, que las migas con torreznos es lo que nos ha llevado a la perdición. ¿Y quién hace de endocrino? Pues el Sr. Mercados, que ni se sabe quién es ni se le espera.

Nuestros políticos europeos se dan cuenta (¡parece ser por fin!) de que o se toman en serio el trabajo constructivo de varias generaciones que creían en la Europa fuerte, atlética y robusta en un mundo globalizado, o volvemos a la Europa geográfica de los Urales al estrecho de Gibraltar.

El punto intermedio (como siempre tan moderados) lo representa el perro del hortelano, perdón, Reino Unido. Creo que se quedaron en el Tratado de Roma, fundador del Mercado Común. ¡No, señores! ¡Aquello es historia! No llevaría razón el general De Gaulle cuando rechazó el primer intento de adhesión al Mercado Común con aquel: “¡No están preparados!”.

La Sra. Merkel y el Sr. Sarkozy parece que ya saben cómo dar el paso para que los europeos volvamos a sentirnos europeos: fiscalidad común. No sé si una unificación fiscal es la solución a los actuales problemas, pero por lo menos es algo. Que quieren los 27 Estados, bien. Que no, pues se irá creando otra Unión, a dos (o tres) velocidades, que sí que pueda generar, primero, una confianza en los políticos y, segundo, una ilusión de los europeos. ¿Y para cuándo la cesión de los Estados miembros de soberanía en materia de política exterior?

Por cierto, al que tampoco se le ve ni se le espera es al Parlamento Europeo; ¡qué pena que nuestra democracia participativa no tenga nada que decir! Bueno, siempre nos quedará el Sr. Mercados achuchando para sacar tajada de la situación y obligando a nuestros elegidos democráticamente a tomarse en serio nuestro destino común, que no es otro que Europa.

Antonio Cañadas / Miguel Aparicio

Diario Cinco Días- 11 de enero de 2012