El hábitat perfecto para los mediocres

Ofrecemos un artículo en el que se ofrece un punto de vista difícil, pero real de la situación por la que en estos momentos estamos pasando en el mundo empresarial español. Ignacio de la Rica, columnista del periódico Expansión, nos habla de la vorágine como el ámbito ideal para los mediocres en este país.

La vorágine

Estamos en plena vorágine; y, aunque resulte paradójico, la vorágine es el hábitat perfecto para los mediocres. Es la excusa ideal para dejar morir el tiempo sin que pase nada. Meses y años sin tomar decisiones comprometidas porque estamos capeando el temporal…Puede resultar duro, pero para un directivo es más fácil decidir un ERE que lanzar hoy una nueva línea de negocio. Nunca nadie podrá cuestionar un ERE, y menos demostrar que puede ser un error, pero cualquier mindundi puede convertir en fracaso un retraso en las expectativas del nuevo negocio. Para un directivo no es fácil, pero para un empresario un ERE es el anuncio de su fracaso. Sobran directivos, faltan empresarios.

En la vorágine algunos directivos caen, aunque su venganza sea devenir en pensionistas millonarios. Pero la vorágine es el mejor disfraz. La mediocridad de muchos directivos pasa inadvertida. Hay grandes empresas que no han hecho, ni están haciendo, sus deberes. Y esa, aunque no se note en la vorágine, es la decisión suicida.

El sistema corporativo en España tiene escasos mecanismos para renovar a sus líderes. Cuando el accionariado es, o está, disperso, el poder de los presidentes ejecutivos se hace omnímodo. Los consejeros independientes no tienen independencia suficiente como para remover presidentes ejecutivos o, por lo menos, ignoro que el caso se haya dado en empresas sin accionistas de control. Es obvio que algunas grandes empresas han cometido errores estratégicos de órdago, y tácticos, y de posicionamiento, y de omisión. No quiero ni pensar los errores que no son obvios, los que no se leen todos los días en periódicos como este. Y los errores, como los éxitos, se anotan en la cartera del presidente omnipotente. El liderazgo solo se mantiene con el éxito.


Cambiar es darse otra oportunidad.
Es arriesgado, y más en tiempos de vorágine; pero no cambiar puede ser suicida. No sólo cambiar para deshacer entuertos; a veces, debería ser razón suficiente que “a circunstancias distintas, personas distintas…” Y a estos caídos, ¡Pobres!, siempre les quedará la pensión millonaria.


Ignacio de la Rica, Columnista del Diario Expansión


Expansión 28/06/2012