¿Cuál será el camino de Inditex con Pablo Isla?

Inditex es el mayor éxito empresarial español de los últimos treinta años. Es la única, entre las grandes empresas, que no procede del sector público, cuyo negocio no depende casi en la totalidad de boletines oficiales de los gobiernos y que no forma parte del sistema financiero. Si en España hubiera una decena de Inditex o diez clones de Amancio Ortega, no estaríamos como estamos.

En septiembre de 2010, según FT Global 500, la cadena de moda ocupa la posición 139 en capitalización bursátil en el mundo. En España, ya es la tercera mayor empresa con mayor valor, por detrás de Telefónica y Santander. Acaba de superar a BBVA y vale 36.000 millones de euros, 2,5 veces más que en 2005. En su sector, a nivel mundial, ya hace tiempo que destronó a la estadounidense GAP y está cerca de los 37.000 millones de euros de capitalización de la sueca Hennes & Mauritz. Su recorrido al alza, incluso en tiempos de penuria y a pesar de llevar la marca riesgo España a sus espaldas, no ha hecho mella en el imperio de tiendas de Zara y compañía.

Los que hemos tenido la fortuna de visitar el centro neurálgico de Inditex en Arteixo (La Coruña) o el centro de diseño y logística de algunas marcas del grupo de Palafolls (Barcelona), acertamos a entender parte del éxito. Basta con observar y escuchar el debate entre creadores sobre las muestras de la colección de la próxima temporada, esparcidas por el suelo, y ver el ambiente que se respira en una nave del tamaño de un campo de fútbol.

Amancio Ortega se propuso “socializar la moda”, al menos en España, y lo ha logrado. Pablo Isla, ya como consejero delegado, decidió empujar internacionalmente esta socialización, y el camino sigue recto, aunque con nuevo interrogantes. Como nuevo presidente, Isla tendrá que estar a la altura de las expectativas depositadas por los inversores. No es fácil, y la historia empresarial lo ha demostrado en sectores muy diversos, mantener ritmos de crecimiento en ventas de más de dos dígitos año tras año, con unos beneficios netos que crecieron un 42% hasta octubre de 2010. ¿Podrá seguir abriendo 500 tiendas al año? ¿Tendrá capacidad de gestión, en todos los pasos de la cadena de valor? ¿Podrá mantener estos niveles de rentabilidad sin estrujar los costes produciendo más en países más baratos?

A nadie se le escapa que el futuro competidor de Inditex ya no saldrá de Europa y Estados Unidos, sino de otros mercados como China e India, también ansiosos por que sus ciudadanos vistan mejor a precios “sociales”. Junto al desarrollo internacional y de las ocho marcas existentes, el desarrollo de Zara.com es una incógnita en medio de este panorama para abordar nuevos mercados y mejorar sustancialmente los costes. ¿Llegará a suponer el 10% de las ventas?

Sin embargo, el mayor peligro sigue siendo el cansancio que puede acabar sintiendo el consumidor por sus productos. Hay clientes que dejaron de comprar en algunas sus tiendas porque es fácil coincidir con alguien que vista igual. Le pasó a Gap y a otras marcas de moda. Quizás, esta sea la clave: Inditex ya no vende moda de un día para otro, sino que se ha convertido en un commodity con varios éxitos.

Martí Saballs Pons, sudirector de Expansión.