Carta personal: “A mi amigo Pepe”

    Le conozco hace más de 15 años y en el día a día me ha demostrado el buen saber hacer profesional, el arte de la venta, la atención al cliente, su dedicación al trabajo…Son muchas las cosas que hacen que, en más de una ocasión, cuando nos hemos juntado varios clientes frente a un café todos hayamos coincidido en que, nuestro Pepe, es un director bancario en peligro de extinción porque cada vez es más difícil encontrar buenos profesionales, es decir, excelentes comerciales.

    Hace un año fue trasladado a otra oficina de Madrid, situada en una zona con un elevado nivel de renta. Lógicamente, esa oficina estaba acostumbrada a lo que más de una oficina bancaria, a que el cliente entre solo, sin embargo, Pepe siguió haciendo lo que sabe hacer, salir al mercado, ofrecer sus servicios y presentar su empresa. De esta manera y después de un tiempo en la zona, ya es conocido. Seguro que si en lugar de prejubilarlo por una fusión de cajas siguiera en su puesto esta oficina, en breve, sería una de las líderes en Madrid.

    Pero a veces, la alta dirección se equivoca en su estrategia y toma medidas a costa de sus propios intereses dejando en la calle a personas con una cualificación que más de una compañía quisiéramos. No me vale el argumento de que hay que cerrar oficinas, ya que una persona con este saber hacer, podría enseñar a muchos directivos como gestionar con eficiencia y eficacia una oficina bancaria.

    Estas palabras de despedida son más bien de reconocimiento a una gran gestión profesional. Por eso, me gustaría que todos aquellos que me leáis, enviéis este mensaje a vuestros amigos. Y es que, las personas que han entregado su vida por el trabajo, a veces no tienen el reconocimiento que se merecen, pero siempre hay alguien y, en este caso, somos muchos los que pensamos que se comete una injusticia con Don José, mi Señor Director.

    Rafael Muñiz

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