EL YIN Y EL YANG DE LOS E-MAILS

“¡Que nos van a quitar el e-mail durante todo un día!” dice una trabajadora al llegar a la oficina, con cierto aire de agobio y desasosiego. “¿Qué vamos a hacer? Así no podemos trabajar” replica el compañero. Y es que parece que si no nos funciona el correo electrónico, la empresa va a caer empicada a la quiebra. Lo que fue una innovación en marketing hace años,  que facilitaba la comunicación entre, no sólo los clientes y la empresa, sino entre los propios empleados, ahora se empieza a percibir como un lastre. Un estudio en EE.UU calcula que cada trabajador enviaba en 2006 una media de 37 mensajes al día y que un alto porcentaje acababa estresado tras revisar hasta 40 veces en una hora su bandeja de entrada.

Desde el punto de vista empresarial, los profesionales del marketing pensamos que es necesario crear una nueva filosofía, donde se estipule el cuándo y el a quién se debe enviar mensajes electrónicos. Empresas como Intel o Deloitte ya han decretado el “día sin e-mail”, con objeto de fomentar las relaciones personales y aumentar el rendimiento en el trabajo. El problema será cuando los trabajadores lleguen al día siguiente y vean acumulados en su bandeja de entrada decenas de correos sin leer, entonces ¿cuánto tiempo se necesitará para “ponerse al día”?