LA MOTIVACIÓN EN LOS EQUIPOS DE TRABAJO

El presidente de AF Steelcase, Alejandro Pociña, apuntaba recientemente en un artículo publicado en el periódico económico Cinco Días a la influencia que tiene la motivación en el éxito de los equipos de trabajo de las empresas. Este tema parece haberse puesto de moda en los últimos tiempos ya que incluso, Hollywood ha convertido a la motivación en el eje central de la película “300”, una de las últimas superproducciones de la cuna del cine mundial que se ha estrenado en España hace unas semanas.

Pociña, al igual que “300” recuerda la gesta del héroe espartano Leónidas hace más de 2.500 años en el paso de las Termópilas y la traslada al mundo de la empresa, un ámbito donde la ética y el compromiso personal resultan imprescindibles para alcanzar el éxito.

La hazaña de los espartanos en las Termópilas es considerada como uno de los mejores ejemplos de éxito del compromiso ante una tarea aparentemente imposible, en la cual unos pocos valientes se opusieron la maquinaria de guerra más poderosa conocida y dieron sus vidas luchando por su honor y su libertad. En estos tiempos del todo vale, en los que para algunos cabe negociar todo porque el fin justifica los medios, en los que se admiten atajos para conseguir los resultados buscados y proliferan los casos de corrupción y fraude, la figura de Leónidas diciendo a los persas: “Por aquí no se pasa (mientras yo esté aquí)”, es una lección de ética y compromiso que merece ser muy tenida en cuenta por líderes y directivos.

La principal dificultad para el desarrollo de grandes empresas no suele ser la escasez de medios, sino la escasez de voluntades. El compromiso es un bien escaso en los tiempos que corren. No nace por generación espontánea, el líder debe ser capaz de originar ese compromiso entre sus colaboradores y, lo que es más importante, mantenerlo. Al igual que Leónidas con sus espartanos el líder debe transmitir claramente a todos cuál es la misión, la visión, los objetivos y los valores de la empresa.

Cada empleado debe saber claramente en que puesto de la empresa está y cómo contribuye a su éxito; en definitiva, cómo su trabajo aporta valor. Para que el compromiso pueda mantenerse ha de ser bidireccional; es decir la empresa y el directivo también han de estar comprometidos con los empleados. Será muy difícil encontrar a un directivo que piense de sí mismo que no está comprometido con sus colaboradores. Sin embargo, basta con un simple vistazo a algo tan evidente como los espacios de trabajo en los que se prende que los empleados desarrollen su trabajo comprometidamente, para constatar que no es así. El ambiente de trabajo alegre y optimista es casi siempre una de las mejores formas de incentivar y motivar a todos.

Sin duda es fundamental poder ilusionar y alinear a las personas para empujar todo en el mismo sentido. Las personas motivadas y comprometidas serán aquellas que estarán a nuestro lado cuando haya que pelear; las personas desalentadas son los candidatos a huir ante las batallas. El desarrollo y crecimiento a largo plazo de las compañías no suele venir de sutilezas ingeniosas, sino de caracteres austeros y firmes, que cumplen compromisos con los demás. El empresario o directivo íntegro, comprometido y capaz de arrastrar es hoy más que nunca un valor apreciable para las empresas, porque los principios y la ética siempre acaban triunfando, como los griegos al final en Salamina.

En los tiempos que corren, el compromiso, la firmeza y los principios de Leónidas deben ser un ejemplo de convicción así como de honestidad personal y profesional para todos.