La atención al cliente ha muerto, viva la atención al cliente

    Ya estoy de vuelta de mis vacaciones y tenía pensado hablaros sobre libros en mi primer post porque he leído unos cuantos durante este verano, sin embargo, siento la necesidad de hacerlo sobre un caso real que he observado durante mis días de descanso en Sancti Petri (Cadiz). Al llegar al supermercado para hacer acopio de lo básico para los primeros días me confirmó que la atención al cliente es una de las asignaturas pendientes de muchas empresas.

    En un establecimiento Supersol me encontré con que había cola para comprar productos, cola para pagar y lo que es más grave, productos a punto de caducar. Además, los productos frescos que había estaban bastante faltos de calidad.

    En la urbanización en la que me alojaba no había ninguna tienda, ni panadería lo que obligaba a ir al Supersol a comprar el pan. Cual no sería mi sorpresa al ver que no existía ninguna caja para comprar uno o dos productos y que para adquirir una simple barra tenía que esperar una cola superior a media hora. Se lo comenté al encargado que tranquilamente aseguró que lo sentía.

    Hablando con la gente de la cola me enteré que ese supermercado está prácticamente vacío durante el resto del año y es en los meses de verano cuando hace su “agosto”. Ellos creerán que les viene bien esas aglomeraciones y ese trato al cliente para recuperar lo que no ganan el resto del año, sin embargo, no se dan cuenta de que la imagen que traigo de la cadena Supersol es mala. Me he prometido que no volveré a entrar en un supermercado de esta empresa sino que seré un prescriptor negativo al igual que muchos de los sufridores amigos que me hice en mis largas esperas en la cola.

    Esta experiencia me lleva a la siguiente reflexión: “La mejor red de ventas de una empresa son sus propios clientes”.

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