Blog de Marcial Trincado
Con el estrés de la Navidad en la sangre
Llevo unos días cardíaco perdido por un asunto que a más de uno, y lo digo porque lo veo, le trae de cabeza. Y no es otro "tema" que los regalos. Santos regalos pienso yo.
Estos días son los elegidos por toda la gente para hacer las primeras compras serias de la Navidad, regalos que te hacen preguntar, ir y comprobar mil tiendas... en definitiva, días de carreras después del trabajo, de dudas y de esperanza en acertar con el detallito de marras.
Mis hijos ya me van dejando en paz después de la locura que es tener a dos chavales pidiendo juguetes caros, grandes, frágiles y lo peor... agotados. Que tiempos aquellos. Recuerdo esa tortura con sano cariño. Ahora es algo diferente, que si el último cacharrito, que si el último juego, que si el último perfume, que si la última cafetera, que si el último móvil... pero otro lío, en definitiva.
De todas formas, como perro viejo que soy, voy a guardar los tickets, que más de uno me huelo que me va a herir la sensibilidad y me requerirá el famoso papel. Y es que no siempre se puede acertar.
Las redes sociales en el trabajo
El otro día leí en el periódico una noticia que me llamo la atención: “el uso moderado de las redes sociales en el trabajo aumenta un 9% la productividad”. Tengo que reconoceros que no tengo perfil ni en Facebook ni en Twitter pero sí uno en Linkedin que me abrí hace algunos meses.
Creo que si los trabajadores sacan su trabajo, ¿por qué no van a usar las redes sociales durante la jornada de trabajo? Además, si según un estudio aumenta la productividad será positivo, ¿no? Yo si tengo un ratito libre también me meto en Linkedin a cotillear las novedades profesionales de mis “compañeros”. Cada vez más las empresas abren sus perfiles en las redes sociales para comunicar a sus seguidores las novedades que ofrecen y las últimas informaciones. Yo lo veo una herramienta muy útil, tanto profesional como personal, para el mundo en el que vivimos.
Lo importante es hacer un uso moderado de la cosas, sin excederse. Seguramente los trabajadores son más felices a la hora de trabajar si se comunican con sus amigos o conocen sus últimas novedades. Si encima aumenta la productividad mejor que mejor, ¿no?
De puente, y digo lo que me dice la corriente
Después de un largo fin de semana, que para mí terminó el lunes, trabajé el martes y volví a disfrutar de una jornada de descanso el miércoles. Hoy nos reunimos de nuevo en la oficina, pero mañana es viernes y de nuevo comienza el fin de semana. Con esta situación, ¿es posible mantener un ritmo de trabajo?
Es cierto que lo que depende de uno mismo no sufre alteración ninguna, pero en el momento en que hay que contar con la opinión, gestión, o simple ojeada de otra persona, el trabajo puede alargarse mucho, y lo que en una semana normal se realiza en dos días, en ésta, ya se prolonga hasta la próxima sin lugar a dudas... Y, aunque no fuera así, es cierto que la gente lo tiene tan interiorizado que no hará por evitarlo aunque pueda.
A algunos les han dado la mañana
Quizá no lo haya contado nunca, pero el fútbol no es una de mis grandes pasiones. Partiendo de esto, haré una excepción esta semana, ya que quería dar fe de un suceso que se habrá repetido en muchos lugares de España: la liturgia futbolística del día después de cada derbi.
Hoy en la oficina se respiraba un ambiente raro. Unos se tapaban la boca evitando desvelar una sonrisa malhechora. Otros no movían los ojos de la pantalla y evitaban cruzar conversación con los primeros.
Los barcelonistas, con las manos metidas en los bolsillos, como escondiendo todo el confeti que les cabría en su puño y conteniéndose con una sonrisa maliciosa, se han plantado cerca de las mesas de los hoy desdichados aficionados madridistas, para posteriormente explotar con sorna, cebándose con la "manita".
Estas cosas pasan, pero hay que levantarse el día siguiente y ver todo con optimismo... aunque cada vez que me miro a las manos me viene el resultado algo a la mente. Hay que pasar página.
Marcial Trincado
Un ejecutivo virtual en el mundo real
Navidad en la oficina
Estamos a finales de noviembre y se acerca la Navidad. Me da la sensación que cada año llega un poco antes. Como siempre por estas fechas el ambiente navideño se extiende por calles, comercios, hogares y oficinas. Igual que en casa, nuestra oficina se decora con los típicos adornos navideños, incluso con un abeto gigante de plástico. No es que me entusiasmen las estrellitas y campanillas pero tengo que reconocer que está la oficina está más bonita que el resto del año.
Una sonrisa al otro lado de la línea
Me encanta llamar a una empresa para hablar con alguien a quien aún no conozco y con quien quiero trabajar en algún proyecto en común, y que me den un portazo en la cara. En muchas ocasiones ni ellos saben si lo que les voy a contar les beneficia o no. Viven aferrados a su día a día, su trabajo cotidiano y sus quehaceres obligados, sin mirar por encima de su ordenador para analizar nuevas posibilidades. En dos palabras, no tienen visión de futuro ni intuición por nuevas oportunidades.
La mayoría de las veces están en lo cierto: lo más probable es que esa llamada les haga perder tiempo, posiblemente la oferta no les interese para nada y no contemplen mi solicitud porque se sale de sus presupuestos o intereses. Y es por ello por lo que su actuación por defecto es cerrar las puertas a todas. En caso de que alguna merezca la pena y pierdan la oportunidad, es un mal menor, al menos habrán ahorrado tiempo perdido de las demás.
Feliz con mi iPhone
Pues sí, quién me lo iba a decir a mí, pero ahora en lugar de tener un móvil “normalito” tengo un iPhone. No me lo podía creer cuando en la pequeña celebración de cumpleaños me lo regalaron mi mujer e hijos. En un primer momento pensé: “Madre mía, esto no lo voy a saber usar, sin teclado, con tantas opciones que nunca antes he visto…”. Ya llevó una semana con él y sinceramente estoy encantando.
La verdad es que es un pequeño ordenador que cabe en mi mano. Lo que más me gusta es que tengo acceso a Internet en cualquier momento y lugar y también la agenda que tiene. Iré retirando la de papel progresivamente para dar paso a la del iPhone. Ya se podían estirar desde la empresa y darnos un iPhone como móvil de empresa, seguro que todos trabajaríamos más contentos. Y si esto es mucho pedir, estaría bien que cambiaran los ordenadores por otros Mac. Creo que me estoy haciendo fan de la manzanita.
Mi cumpleaños

Dentro de pocos días me haré menos joven, es decir, que me caerá un añito más. No es que le dé una importancia vital o extraordinaria, creo que como todos… en verdad creo que me hacen más ilusión los cumpleaños de mis hijos.
Recuerdo muchos de mis regalos, al igual que otros ya los he olvidado. Si quitamos más de un “autoregalo” que me ha hecho mi mujer con nuestras tarjetas (véase, la columna de hidroterapia), el resto han sido ideas brillantes: Colonias, bolígrafos, corbatas, gemelos, carteras, gafas, zapatos o chaquetas.
Hace poco, cuando Gutierrez llegó a la oficina con su nuevo iPhone, se me salían los ojos de las órbitas. Deseé que hubiera tenido un pequeño “accidente” para acoger a mi abrigo a tan flamante huérfano digital. Incluso habría firmado cambiarlo por alguno de mis hijos, sobre todo cuando me piden para salir el fin de semana. Caramba, puede que al final me importe más de lo que pensaba.
Pero creo que voy a dar el paso adelante y ser constructivo. Este año voy a hacer unas sugerencias con las que seguro voy a dar en el clavo. Seguro.
Marcial Trincado
Un ejecutivo virtual en un mundo real
La feria que no vende
Los tiempos han cambiado. Lejos quedan ya aquellas épocas en las que la estrategia de marketing de la mayoría de las empresas posicionaban a las ferias como herramienta clave para llegar al público. Por entonces, dedicaban casi medio año en preparar una feria en la que iban a participar durante sólo 3 ó 4 días, y que suponía la mejor manera de mostrar al cliente sus productos y servicios.
Sin embargo, la afluencia a estos eventos ha caído en picado, y ya pocas ferias salen rentables a las compañías. Los numerosos gastos que genera la asistencia a alguna cita comercial anual ya no se cubren con las ventas conseguidas tras la misma. Y, por ello, los grandes recintos feriales les quedan cada vez más grandes a los asistentes.
¿Nos cambian de oficina?
Hay un revuelo en el trabajo desde hace unos días…Se rumorea que nos van a cambiar de oficina. Yo creo que es sólo eso, un rumor. Es que como nos trasladen me fastidian un rato. Llevo más de diez años viniendo aquí, sólo tardo 20 minutos en coche, esto en Madrid es un lujo. Los rumores apuntan a que la nueva ubicación puede ser en San Sebastián de los Reyes. Madre mía, todos los días tendría que ir por la carretera de Burgos que se pone infernal en hora punta (como todas las carreteras de Madrid).
Es lo que tiene la crisis. El alquiler de un edificio de oficinas en Madrid capital es más caro que otra fuera de la ciudad. Bueno, pensándolo bien es mejor que nos cambien de oficina para recortar gastos que que despidan a trabajadores. Sería peor para todos.
Espero que los jefes tengan la magnífica idea de poner autobuses de empresa que te llevan a la oficina, hay muchos empleados que no tienen coche propio y no es lo mismo tener el trabajo en el centro de la ciudad que en el extrarradio. Pero esto habrá que verlo. Sí, hay transporte público, pero consiste en coger el metro, luego un autobús de la EMT que te deja lejísimos…Y si vas en coche, ¿cómo nos van a compensar el gasto en gasolina? Estoy indignado y cuanto más lo pienso…Buf, espero que todo se quede en un rumor.
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